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Este conjunto monumental franciscano nació por voluntad de la reina Sancia de Mayorca, mujer de Roberto de Anjoú; ella, como no habia podido satisfacer su deseo de vita monastica, quizo demonstrar su devoción en esta que fue una de las obras religiosas más importantes de la época medieval en la ciudad de Nápoles.

En el interior de la iglesia, construida entre el 1310 y 1328 en estilo gótico – provenzal, los espléndidos sepulcros monumentales de los Anjevines que testimonian el trabajo en Nápoles de Tino de Camaino, uno de los escultores más importantes del 1300. Detrás del altar mayor se encuentra el sepulcro de Roberto de Anjoú, rey de Nápoles.

En Santa Chiara la ligereza de los elementos góticos se funde con el poderoso estilo románico, presente en los arcos de las capillas laterales y en la cubierta de serchas.

Muy importante es la capilla de los Borbónes, donde están tumulados muchos representantes de la dinastía española.

La iglesia fue afectada mucho por los bombardeos americanos durante la segunda guerra mundial, pero una sabia reconstrucción que fue llevada a cabo en los años '50 le ha donado su antiguo esplendor.

La visita continúa en el Claustro Maiolicato que se encuentra en el interior del conjunto monumental. La reestructuración del claustro tuvo lugar en 1740 gracias al trabajo de Domenico Antonio Vaccaro, que revestió los bancos y las columnas con mayólicas de vivos colores mediterráneos haciendo de éste una obra maestra del arte rococó único en toda Italia. A lo largo de las paredes se puede admirar un ciclo de frescos del '600 que representan historias franciscanas.

En el interior del claustro se pueden visitar también un bonito belén napolitano del siglo XVIII y el pequeño Museo de la Opera de Santa Chiara, en el interior del cual están conservadas partes de monumentos recuperados después la destrucción de la iglesia y obras provenientes de otros monastérios franciscanos. Los ambientes medievales fueron construidos sobre restos de estruscútras termales romanas, descubiertas después la guerra, que demuestran como en el I siglo esta zona había devenido la sede de un barrio residencial.