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En la provincia de Salerno, en la costa meridional de la peninsula sorrentina, está situada la abrupta y magnífica Costa Amalfitana.
Fue fundada, según la tradición, por los Romanos ( IV siglo a. C. ) y fue sede del vescovado a partir del VI siglo; estuvo sometida al Imperio Romano de Oriente y a los Longobardos. Conquistó la independencia en el IX siglo, se afirmó como potencia marítima en los siglos X–XI, fundando unos emporios comerciales en los puertos principales del Mediterráneo y numerosas colonias en Nápoles, en Sicilia, en la Puglia, a Tripoli y en Constantinopla.
Dominada por los Normandos (1073), en 1135 fue saqueada por la rival Pisa resurgiendo con los Suavios. La ciudad en el pasado estuvo muy sometida a una competencia comercial con las demás repúblicas marineras ( Pisa, Genova, Venezia ). En los siglos siguentes fue un feudo de varias familias nobles.
Sus leyes marítimas ( siglos XI y XII ) transcritas en la celebre Tavola amalfitana conservadas en el famoso museo cívico, fueron utilizadas en el Mediterráneo hasta el siglo XVI, durante el cual la ciudad decayó de manera definitiva.
El centro moderno, que surge por una parte en una cuesta, está caracterizado por blancas casitas construidas en terrazas, y el monumento principal es la Catedral (siglo X, rehecha), con la fachada cuya construción se remonta al 1891, un portal de bronce fundido en Costantinopla (siglo XI), con arcos agudos estrechos y trenzados. Recorriendo la sugestiva aldea se entra en la valle de los Mulinos, donde se encuentran dos antiguas fábricas de papel todavía en función y un pequeño Museo del papel. La economía local está basada sobretodo en el turismo, gracias a la belleza del paisaje circunstante y a la suavidad del clima, que rinden Amalfi uno de los centros de estancia más famosos de la región campana y un lugar frecuentado durante todo el año.
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